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Gota en mayores de 60: síntomas, alimentos prohibidos y cómo controlarla

Si alguna vez has sentido un dolor agudo e inesperado en el dedo gordo del pie durante la noche, que se inflama, enrojece y hace casi imposible apoyar el pie en el suelo, es posible que hayas tenido un ataque de gota. Esta enfermedad, aunque tiene fama de “antigua” y asociada a la buena vida, es en realidad una de las artritis inflamatorias más frecuentes en personas mayores de 60 años. La buena noticia: con los hábitos correctos y el seguimiento médico adecuado, se puede controlar perfectamente.

¿Qué es exactamente la gota?

La gota es una forma de artritis causada por la acumulación de cristales de ácido úrico en las articulaciones. Cuando los niveles de ácido úrico en sangre (hiperuricemia) son demasiado elevados durante un tiempo prolongado, estos cristales se depositan en los tejidos articulares y provoca episodios de dolor intenso, inflamación y enrojecimiento que se denominan ataques o brotes de gota.

El ácido úrico es el producto de la descomposición de las purinas, unas sustancias presentes en muchos alimentos. Normalmente, el organismo lo filtra a través de los riñones y lo elimina por la orina. Cuando se produce demasiado o los riñones no lo eliminan bien —algo más frecuente con la edad—, los niveles suben.

Según datos de la Sociedad Española de Reumatología, la gota afecta al 2-3% de la población general en España, pero esta cifra sube notablemente a partir de los 60 años, especialmente en hombres. En mujeres, el riesgo aumenta tras la menopausia, cuando los estrógenos ya no protegen con la misma eficacia.

Síntomas de un ataque de gota: cómo reconocerlo

El primer ataque de gota sorprende a casi todo el mundo. Los síntomas típicos son muy reconocibles:

Dolor muy intenso y repentino, generalmente nocturno, que aparece sin previo aviso. El 50-60% de los primeros ataques afectan al dedo gordo del pie (articulación metatarsofalángica), aunque también puede aparecer en el tobillo, la rodilla, la muñeca o los dedos de la mano.

Inflamación, calor y enrojecimiento de la zona afectada. La articulación puede estar tan sensible que incluso el roce de la sábana resulta insoportable.

Duración del brote: sin tratamiento, los ataques suelen durar de 3 a 10 días. Con tratamiento adecuado, el dolor cede en 24-48 horas.

Si la gota no se trata y los niveles de ácido úrico se mantienen altos durante años, pueden aparecer los llamados tofos: depósitos visibles de cristales bajo la piel, generalmente en las orejas, los codos o los nudillos. También existe riesgo de daño renal y de artritis gotosa crónica.

Diagnóstico: qué pruebas hace el médico

El diagnóstico de la gota se basa principalmente en la clínica (los síntomas) y en algunas pruebas complementarias:

Análisis de sangre: para medir el ácido úrico. Un valor superior a 6,8 mg/dL se considera hiperuricemia. Sin embargo, durante un ataque agudo el ácido úrico puede aparecer normal o incluso bajo, por lo que este dato debe interpretarse con cuidado.

Ecografía articular o TAC: permiten detectar cristales de urato y depósitos de tofos con gran precisión. La ecografía es la prueba más usada en reumatología por ser inocua y accesible.

Análisis del líquido sinovial: la confirmación definitiva viene de visualizar bajo microscopio los cristales de urato monosódico en el líquido de la articulación inflamada. Es el método más fiable, aunque no siempre necesario.

Si tienes síntomas compatibles con gota, no intentes automedicarte con antiinflamatorios sin más. Consulta a tu médico de familia o a un reumatólogo para un diagnóstico certero y un plan de tratamiento personalizado.

Alimentos prohibidos (y permitidos) en la gota

La dieta es una de las herramientas más importantes para controlar el ácido úrico. No es necesario seguir una alimentación restrictiva ni aburrida, pero sí hay que conocer qué alimentos conviene limitar o evitar.

Alimentos muy ricos en purinas que conviene evitar o limitar mucho:

Las vísceras (hígado, riñones, sesos, mollejas) tienen un contenido de purinas altísimo y deben eliminarse de la dieta. Las anchoas, sardinas, arenques y mejillones también son ricos en purinas. La carne roja en exceso —especialmente ternera, cerdo y cordero— y los embutidos grasos contribuyen a elevar el ácido úrico. El alcohol, y especialmente la cerveza (incluso la sin alcohol), tiene un efecto directo sobre la producción y eliminación del ácido úrico; los licores de alta graduación también son problemáticos.

Alimentos permitidos y beneficiosos:

Las verduras y frutas son en general muy recomendables. Durante décadas se pensó que verduras como las espinacas, los espárragos o los champiñones debían evitarse por su contenido en purinas, pero estudios recientes —como los publicados en la revista Arthritis & Rheumatism— han demostrado que las purinas de origen vegetal no aumentan el riesgo de gota de manera significativa. Los lácteos desnatados (leche, yogur, queso fresco) tienen un efecto protector documentado. La cereza y el zumo de cereza ácida han mostrado en varios estudios clínicos reducir la frecuencia de ataques de gota. El café, según investigaciones recientes, también se asocia a menores niveles de ácido úrico.

Hidratación: beber entre 2 y 3 litros de agua al día ayuda a los riñones a eliminar el ácido úrico. Es uno de los consejos más sencillos y más eficaces.

Tratamiento: medicación y estilo de vida

El tratamiento de la gota tiene dos fases diferenciadas:

Tratamiento del ataque agudo: el objetivo es reducir la inflamación y el dolor lo antes posible. Los médicos suelen prescribir antiinflamatorios no esteroideos (AINEs como el naproxeno o el indometaceno), colchicina a dosis bajas (muy efectiva y bien tolerada cuando se usa correctamente), o corticosteroides cuando los anteriores están contraindicados.

Tratamiento de mantenimiento (hipouricemiante): una vez superado el primer ataque, si los niveles de ácido úrico son persistentemente altos o los ataques se repiten, el médico puede indicar alopurinol o febuxostat, medicamentos que reducen la producción de ácido úrico. El objetivo es mantener el ácido úrico por debajo de 6 mg/dL. Estos medicamentos se toman de forma indefinida y son muy seguros a largo plazo.

Un dato importante: comenzar el tratamiento hipouricemiante durante un ataque agudo puede prolongarlo o agravar los síntomas. Por eso, generalmente se espera a que el brote haya cedido antes de iniciar o ajustar la medicación reductora de ácido úrico.

Gota y otras enfermedades frecuentes después de los 60

La gota no suele aparecer sola. Con frecuencia se asocia a otras condiciones que también son comunes en la jubilación. La hipertensión arterial es muy frecuente en personas con gota, y algunos diuréticos usados para tratarla (las tiazidas) pueden elevar el ácido úrico. La diabetes tipo 2, la obesidad y el síndrome metabólico también se asocian con mayor frecuencia a la hiperuricemia. Habla con tu médico para revisar si alguno de tus medicamentos habituales puede estar influyendo en tus niveles de ácido úrico.

Mantener un peso saludable es especialmente importante: cada kilo de más incrementa la carga sobre las articulaciones y eleva la producción de ácido úrico. No es necesario adelgazar de golpe —de hecho, las dietas muy restrictivas pueden desencadenar un ataque— sino ir reduciendo peso de manera progresiva y sostenida. Si necesitas orientación sobre cómo mejorar tu colesterol y cuidar tu salud cardiovascular de forma conjunta, te puede interesar leer cómo actuar frente al colesterol después de los 65.

Preguntas frecuentes sobre la gota en mayores

Conclusión: la gota se controla, no te controla

Tener gota no significa renunciar a una buena alimentación ni a una vida activa. Significa conocer tus límites, ser constante con la medicación si el médico la indica, y hacer pequeños ajustes en lo que comes y bebes. Con esas claves, la inmensa mayoría de personas con gota viven sin apenas ataques y con una calidad de vida excelente.

Si quieres seguir cuidando tu salud articular y general después de los 60, te recomendamos explorar otros artículos de plansilver.com sobre artrosis y cómo vivir bien con ella, o descubrir los beneficios del ejercicio adaptado para mantener la movilidad.

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