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Dolor de cuello y cervicales en mayores de 60: causas, alivio y ejercicios

Dolor de cuello y cervicales en mayores de 60: causas, alivio y ejercicios

El dolor de cuello es una de esas molestias que casi todos conocemos: esa rigidez al girar la cabeza, la sensación de tener la zona “cargada” o el dolor que sube hacia la nuca al final del día. A partir de los 60 es muy frecuente, en gran parte por el desgaste natural de las vértebras cervicales. La buena noticia es que en la inmensa mayoría de los casos no es grave y mejora mucho con hábitos sencillos y ejercicios suaves. Te explicamos por qué aparece y, sobre todo, qué puedes hacer para sentirte mejor.

Por qué aparece el dolor cervical con la edad

El cuello es una zona delicada: siete pequeñas vértebras sostienen la cabeza (que pesa entre 4 y 5 kilos) y permiten un gran movimiento. Con los años, los discos que amortiguan entre las vértebras pierden agua y altura, y aparece la artrosis cervical o espondilosis, el desgaste normal de las articulaciones del cuello. Es tan común que, en pruebas de imagen, se observa en la mayoría de las personas mayores de 60 años, muchas veces sin que duela.

Eso es importante: ver “artrosis” en una radiografía no significa estar condenado al dolor. De hecho, el dolor cervical más habitual no viene del hueso, sino de la tensión muscular, las malas posturas mantenidas y el estrés, factores sobre los que sí podemos actuar.

Las causas más frecuentes (y las más fáciles de corregir)

Entre las causas cotidianas destacan la postura mantenida mirando el móvil o la tablet con la cabeza inclinada hacia abajo (el llamado “cuello de texto”), dormir con una almohada inadecuada, pasar muchas horas sentado sin moverse y la tensión acumulada por preocupaciones o estrés, que solemos descargar precisamente en los hombros y el cuello.

También influyen la falta de actividad física, que debilita la musculatura que sostiene el cuello, y los cambios bruscos de temperatura o las corrientes de aire frío. La mayoría de estos factores tienen solución, y por eso conviene revisarlos antes de pensar en tratamientos complicados.

Qué puedes hacer en casa para aliviarlo

Para un dolor cervical leve o una contractura, hay medidas sencillas con buen respaldo. El calor local (una manta eléctrica o una bolsa de agua caliente, 15-20 minutos) relaja la musculatura y suele aliviar más que el frío en estos casos. Mantenerte en movimiento con cuidado es mejor que la inmovilidad total: el reposo absoluto prolongado tiende a empeorar la rigidez.

Cuida también tu postura: coloca la pantalla del ordenador o la tablet a la altura de los ojos, evita mantener la cabeza agachada mucho rato y haz pausas para moverte cada media hora. Si necesitas un analgésico ocasional, como el paracetamol, consulta antes con tu médico o farmacéutico, sobre todo si tomas otras medicinas.

Ejercicios suaves para el cuello (con prudencia)

Mover el cuello con suavidad ayuda a recuperar movilidad y a reducir la rigidez. Estos ejercicios deben hacerse despacio, sin forzar y sin llegar al dolor; si algo te marea o duele, párate. Siéntate con la espalda recta y prueba:

Giros lentos: gira la cabeza despacio hacia un lado como si miraras por encima del hombro, mantén unos segundos y vuelve al centro; repite hacia el otro lado. Inclinaciones laterales: lleva con suavidad la oreja hacia el hombro, sin levantar el hombro, y mantén la postura unos segundos. Sí y no suaves: baja y sube la barbilla despacio, y luego niega lentamente. Hazlos varias veces al día, con calma. Estos movimientos se complementan muy bien con disciplinas suaves; en nuestra guía sobre fisioterapia en la jubilación encontrarás cuándo conviene además la ayuda de un profesional.

Cuándo debes consultar al médico

La mayoría de los dolores de cuello son benignos, pero hay señales de alarma que no debes ignorar. Consulta sin demora si el dolor cervical se acompaña de hormigueo, debilidad o pérdida de fuerza en un brazo o una mano, si aparece tras un golpe o caída, si va con fiebre, mareo intenso, problemas de equilibrio o dificultad para tragar, o si es un dolor muy intenso que no cede en varios días o te despierta por la noche.

También merece valoración el dolor que se vuelve crónico y limita tu vida diaria. En esos casos, tu médico podrá descartar otras causas y derivarte, si procede, a fisioterapia o rehabilitación. El cuello y la espalda están muy relacionados, así que si además sufres molestias lumbares te puede interesar nuestra guía sobre el dolor lumbar crónico.

Hábitos que protegen tu cuello a largo plazo

Prevenir es más fácil que curar. Mantente activo con ejercicio suave y regular, que fortalece la musculatura que sostiene el cuello. Cuida la almohada: ni muy alta ni muy baja, de modo que el cuello quede alineado con la columna cuando duermes de lado o boca arriba (evita dormir boca abajo, que obliga a girar el cuello). Gestiona el estrés con técnicas de relajación o respiración, porque la tensión emocional se nota directamente en los hombros. Y si tienes artrosis en varias articulaciones, te será útil nuestra guía sobre cómo vivir bien con la artrosis.

Preguntas frecuentes

¿Es normal oír “chasquidos” al mover el cuello?

Sí, es muy común y casi siempre inofensivo. Esos crujidos suelen deberse al movimiento de tendones y articulaciones. Solo deben preocuparte si se acompañan de dolor intenso, hormigueo o pérdida de fuerza.

¿Mejor calor o frío para el dolor de cuello?

Para la rigidez y las contracturas musculares, que son lo más habitual, el calor suele aliviar más. El frío se reserva más para inflamaciones agudas tras un golpe. Si tienes dudas, prueba el calor primero.

¿Los collarines son recomendables?

En general no para el dolor cervical común. Usarlos mucho tiempo debilita la musculatura. Solo deben utilizarse si lo indica un médico y durante el tiempo justo, por ejemplo tras un traumatismo.

¿El dolor cervical puede causar mareos o dolor de cabeza?

Sí, la tensión en la zona cervical puede provocar dolores de cabeza que parten de la nuca y cierta sensación de inestabilidad. Aun así, si los mareos son intensos o frecuentes, conviene que un médico los valore para descartar otras causas.

¿Qué almohada es mejor para las cervicales?

La que mantenga tu cuello alineado con la columna: ni tan alta que fuerce la cabeza hacia arriba, ni tan baja que la deje caer. Las personas que duermen de lado suelen necesitar algo más de altura que quienes duermen boca arriba.

En resumen

El dolor de cuello después de los 60 es muy frecuente y, casi siempre, benigno. Con calor, movimiento suave, buena postura y unos sencillos ejercicios diarios, la mayoría de las molestias mejoran notablemente. Presta atención a las señales de alarma y no dudes en consultar si el dolor persiste o se acompaña de hormigueo o debilidad. Para seguir cuidando tu cuerpo, te recomendamos nuestras guías sobre fisioterapia y dolor lumbar crónico.

Este contenido es informativo y no sustituye la consulta con un profesional sanitario. Ante un dolor persistente o con síntomas de alarma, acude a tu médico.

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