Cómo cuidar la vista y la audición a partir de los 60
Ver bien y oír bien son dos capacidades que tendemos a dar por sentadas hasta que empiezan a fallar. A partir de los 60 años, tanto la vista como la audición experimentan cambios que son en parte inevitables, pero cuya progresión puede frenarse o compensarse con los cuidados adecuados. En este artículo encontrarás información clara y práctica para entender qué le pasa a tus sentidos con la edad y qué puedes hacer para cuidarlos.
Los cambios en la vista que son normales después de los 60
La presbicia o vista cansada es el cambio más universal: la dificultad para enfocar objetos cercanos. Aparece gradualmente desde los 40 años y a los 60 ya es prácticamente universal. Se corrige fácilmente con gafas de lectura o lentes progresivas.
Además de la presbicia, con la edad el cristalino se vuelve más rígido y amarillento, lo que reduce la sensibilidad al contraste y la percepción de colores azules y morados. La pupila reacciona más lentamente a los cambios de luz, lo que dificulta la adaptación al pasar de la oscuridad a la luz o viceversa. Por último, la producción de lágrimas disminuye, dando lugar al síndrome del ojo seco: sensación de arenilla, picor y visión borrosa intermitente.
Todos estos cambios son esperables y manejables. Lo que requiere atención especial son las enfermedades oculares que también aumentan de prevalencia con la edad.
Enfermedades oculares frecuentes a partir de los 60
Cataratas: El cristalino se vuelve opaco progresivamente, como si el ojo llevara puesto un cristal empañado. Es la principal causa de ceguera reversible en el mundo. La cirugía de cataratas —una de las más realizadas en España— es segura, rápida (15-20 minutos) y muy efectiva. Si notas que los colores parecen más apagados, la visión más borrosa o deslumbramiento con las luces del coche de noche, consulta al oftalmólogo.
Glaucoma: Aumento de la presión ocular que daña el nervio óptico lentamente y sin dolor. Es especialmente peligroso porque no da síntomas hasta fases avanzadas. La detección precoz en revisiones oftalmológicas anuales es la única forma de frenar su progresión. Afecta a alrededor del 2-3% de los mayores de 65 años en España.
Degeneración macular asociada a la edad (DMAE): Afecta la zona central de la retina, responsable de la visión de detalle. En su forma seca avanza lentamente; en la forma húmeda puede deteriorarse rápidamente. Los suplementos de luteína, zeaxantina y vitaminas C y E (la fórmula AREDS2) han demostrado en estudios clínicos frenar la progresión en formas intermedias. Es fundamental acudir a revisión si notas que las líneas rectas se ven torcidas o que hay una mancha en el centro de tu visión.
Retinopatía diabética: Si tienes diabetes, los vasos de la retina pueden dañarse silenciosamente. La revisión anual del fondo de ojo es imprescindible para toda persona diabética, independientemente de si nota o no problemas de visión.
Hábitos para proteger la vista
La alimentación tiene un papel reconocido en la salud ocular. Los alimentos ricos en luteína y zeaxantina —col rizada, espinacas, brócoli, huevo— protegen la mácula. Los ácidos grasos omega-3 del pescado azul reducen el riesgo de ojo seco y DMAE. Los antioxidantes de frutas y verduras de colores vivos (vitaminas C y E, betacarotenos) protegen los tejidos oculares del daño oxidativo.
La protección solar ocular es también fundamental. La exposición acumulada a la radiación ultravioleta acelera las cataratas y el daño macular. Usa siempre gafas de sol con filtro UV400 cuando salgas, incluso en días nublados. La calidad del cristal importa más que el precio: asegúrate de que tienen certificación CE y protección UV400.
El tabaco es uno de los principales factores de riesgo modificables para la DMAE y las cataratas. Dejarlo en cualquier momento de la vida reduce el riesgo. Y las revisiones periódicas con el oftalmólogo —al menos cada dos años a partir de los 60— son la mejor herramienta de detección precoz.
Los cambios en la audición que son normales a partir de los 60
La presbiacusia es la pérdida auditiva progresiva asociada a la edad, y es tan común como la presbicia. Afecta primero a los sonidos agudos: dificultad para entender consonantes, especialmente en ambientes ruidosos, problemas para seguir conversaciones con varias personas hablando a la vez, o necesidad de subir el volumen del televisor.
Según la Sociedad Española de Otorrinolaringología, alrededor del 30% de las personas entre 65 y 74 años tiene algún grado de pérdida auditiva, porcentaje que sube al 50% en mayores de 75. A pesar de estos datos, solo una minoría usa audífono, muchas veces por estigma social o porque no se reconocen los síntomas como un problema tratable.
Consecuencias de la pérdida auditiva no tratada
Ignorar la pérdida de audición tiene consecuencias que van mucho más allá de “oír peor”. Estudios del Johns Hopkins University realizados durante 12 años demostraron que las personas con pérdida auditiva leve, moderada y severa sin tratar tienen un riesgo significativamente mayor de desarrollar deterioro cognitivo y demencia que las personas con audición normal o las que usan audífono.
El mecanismo es múltiple: el esfuerzo cognitivo adicional para entender lo que se dice agota recursos que el cerebro necesita para otras funciones; el aislamiento social derivado de no poder seguir conversaciones es un potente factor de riesgo de deterioro cognitivo; y el cerebro “olvida” cómo procesar ciertos sonidos si no los recibe durante mucho tiempo.
Esto convierte el audífono en mucho más que un accesorio de comodidad: es una inversión en salud cerebral.
Audífonos: qué son, cómo funcionan y cómo acceder a ellos
Los audífonos actuales son dispositivos discretos, recargables y con tecnología de cancelación de ruido ambiental que los hace muy eficaces en situaciones cotidianas. Los hay intracanales (casi invisibles), retroauriculares y de otros tipos.
Para acceder a uno, el primer paso es acudir al médico de cabecera, que derivará a otorrinolaringología para una audiometría. Si se diagnostica pérdida auditiva significativa, la Seguridad Social cubre parcialmente el coste del audífono. Muchas mutuas privadas también tienen cobertura. El proceso de adaptación requiere unas semanas y visitas de seguimiento, pero el resultado en calidad de vida suele ser notable.
Conclusión
Ver bien y oír bien son pilares de la independencia y la calidad de vida. Los cambios sensoriales son parte del envejecimiento, pero su impacto en el día a día depende en gran medida de cómo los gestionamos: revisiones regulares, protección solar, buena alimentación, y sin miedo a usar las gafas o el audífono que necesitamos.
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