Si sientes dolor en las rodillas al bajar escaleras, al levantarte por la mañana o después de estar sentado un rato, probablemente ya conoces de cerca la artrosis de rodilla. Es una de las enfermedades más frecuentes en personas mayores de 65 años en España, y también una de las más mal gestionadas: mucha gente cree que no hay nada que hacer más allá de aguantar el dolor o esperar a que llegue la cirugía. Eso no es así.
En este artículo te explicamos qué está pasando realmente en tu rodilla, qué tratamientos tienen respaldo científico y qué ejercicios puedes empezar hoy mismo para recuperar movilidad y calidad de vida.
Qué es la artrosis de rodilla y por qué aparece
La artrosis (también llamada osteoartritis) es una enfermedad degenerativa del cartílago articular. En una rodilla sana, el cartílago actúa como amortiguador entre los huesos del fémur, la tibia y la rótula. Cuando ese cartílago se desgasta —por la edad, el sobrepeso, lesiones antiguas o factores genéticos— los huesos empiezan a rozar entre sí, provocando dolor, rigidez e inflamación.
En España, según la Sociedad Española de Reumatología, la artrosis de rodilla afecta a más del 30% de las personas mayores de 60 años, y es más frecuente en mujeres que en hombres. El dolor no siempre es constante: muchas personas tienen épocas mejores y peores, y aprender a gestionar esos ciclos es clave.
Diagnóstico: qué esperar en la consulta
El diagnóstico de la artrosis de rodilla es clínico y radiológico. Tu médico te preguntará sobre el tipo de dolor (cuándo aparece, qué lo alivia, qué lo empeora), te explorará la rodilla y probablemente te pedirá una radiografía. Los análisis de sangre suelen ser normales en la artrosis, a diferencia de otras artritis inflamatorias como la reumatoide.
Una clave que pocos pacientes conocen: el grado de daño visible en la radiografía no siempre se corresponde con el nivel de dolor. Hay personas con artrosis severa en la imagen que tienen poco dolor, y otras con cambios leves que sufren bastante. Esto es importante porque significa que el tratamiento no depende solo de lo que muestre la radiografía, sino de cómo te encuentras tú.
Tratamientos con respaldo científico
Las guías clínicas más actualizadas (EULAR, OARSI, NICE) coinciden en que el tratamiento de la artrosis de rodilla debe ser multimodal, es decir, combinar varias estrategias a la vez. Estas son las que tienen más evidencia:
Ejercicio terapéutico. Es el tratamiento con mayor evidencia científica disponible. Un metaanálisis publicado en The Lancet en 2023 confirmó que el ejercicio supervisado reduce el dolor y mejora la función de forma comparable a los antiinflamatorios, sin sus efectos secundarios. No importa tanto el tipo de ejercicio como la constancia.
Control del peso. Cada kilo de más supone entre 3 y 5 kilos adicionales de presión sobre las rodillas al caminar. Perder incluso un 5-10% del peso corporal mejora significativamente el dolor y la movilidad en personas con sobrepeso.
Analgésicos y antiinflamatorios. El paracetamol es el analgésico de primera línea para el dolor leve-moderado. Los antiinflamatorios (ibuprofeno, naproxeno) son más eficaces pero tienen más efectos secundarios digestivos y cardiovasculares, por lo que deben usarse con precaución y siempre bajo supervisión médica en personas mayores.
Infiltraciones de corticoides. Las inyecciones de corticosteroides en la articulación pueden aliviar el dolor de forma rápida, especialmente en brotes agudos con inflamación. Su efecto dura entre semanas y meses. No se recomienda repetirlas más de 3-4 veces al año.
Ácido hialurónico intraarticular. Aunque su evidencia es más debatida, algunas personas con artrosis moderada responden bien a estas infiltraciones. Consulta con tu reumatólogo o traumatólogo si puede ser una opción para ti.
Fisioterapia. La fisioterapia especializada mejora la fuerza muscular periarticular, la propiocepción y el rango de movimiento. En el sistema público español, se puede solicitar derivación; en la privada, un buen fisioterapeuta puede marcarte la diferencia.
Ejercicios recomendados para la artrosis de rodilla
La palabra clave aquí es carga progresiva sin impacto. Los ejercicios que más benefician a la rodilla artrósica son los que fortalecen el cuádriceps y los isquiotibiales sin golpear ni sobrecargar la articulación.
Ejercicios en silla: Sentado, extiende una pierna hasta que quede horizontal, mantenla 5 segundos y bájala despacio. Repite 10-15 veces con cada pierna. Este ejercicio fortalece el cuádriceps con cero impacto.
Bicicleta estática o elíptica: Son los ejercicios aeróbicos más recomendados para la artrosis de rodilla. El pedaleo mantiene el movimiento articular, mejora la lubricación del cartílago y fortalece la musculatura sin impacto.
Natación y acuagym: El agua descarga el peso del cuerpo y permite mover la articulación con mucha menos presión. Los programas de aquagym para mayores son especialmente beneficiosos.
Caminar en superficie plana: Contrariamente a lo que muchos piensan, caminar no empeora la artrosis. Lo que empeora es caminar en mal estado físico, con calzado inadecuado o en superficies muy irregulares. Empieza con 15-20 minutos diarios y ve aumentando progresivamente.
Lo que debes evitar: Correr en asfalto, saltos, deportes de impacto intenso, subir muchas escaleras de golpe y permanecer mucho tiempo de rodillas.
Cuándo considerar la cirugía
La cirugía (prótesis total o parcial de rodilla) está indicada cuando el dolor es severo, incapacitante, no responde a los tratamientos conservadores y afecta gravemente a la calidad de vida. No es la primera opción, sino la última, después de haber agotado el resto de alternativas durante al menos 6-12 meses.
Los resultados de las prótesis de rodilla son en general muy buenos: más del 90% de los pacientes queda satisfecho con el resultado a los 10-15 años. La recuperación lleva entre 3 y 6 meses y requiere rehabilitación activa.
Si tu médico te propone la cirugía, es perfectamente razonable pedir una segunda opinión o preguntar si todavía quedan alternativas conservadoras por probar.
Consejos prácticos para el día a día
Más allá de los tratamientos formales, hay ajustes en la vida cotidiana que pueden marcar una gran diferencia: usa calzado cómodo con buena amortiguación; si usas bastón, úsalo en el lado contrario a la rodilla afectada; adapta el hogar con barras de apoyo en el baño; aplica calor antes del ejercicio y frío (hielo envuelto en paño) después si hay inflamación; y descansa cuando el dolor es agudo, pero no te quedes quieto más de lo necesario.
Si quieres saber más sobre cómo controlar el dolor crónico sin depender solo de medicación, te recomendamos leer nuestro artículo sobre alimentación antiinflamatoria para mayores de 60. Y para conocer otras condiciones articulares frecuentes, visita nuestra guía sobre la gota en mayores de 60.
Conclusión
La artrosis de rodilla no tiene cura, pero sí tiene tratamiento eficaz. La combinación de ejercicio regular, control del peso, fisioterapia y el uso inteligente de analgésicos puede devolverte una calidad de vida muy buena. No esperes a que el dolor sea insoportable para actuar: cuanto antes empieces, mejores resultados tendrás.
