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Vitamina D en mayores de 65: por qué importa y cómo mantener buenos niveles

Vitamina D en mayores de 65: por qué importa y cómo mantener buenos niveles

A partir de los 65 años, la vitamina D deja de ser un detalle de las analíticas para convertirse en una pieza clave de tu salud. Interviene en la fortaleza de los huesos, en la función muscular y en el sistema inmunitario, y resulta que es precisamente en esta etapa cuando más cuesta mantener buenos niveles. La buena noticia es que con unos cuantos hábitos sencillos y, si tu médico lo considera, un suplemento bien ajustado, puedes ponerte al día sin complicarte la vida. Vamos a verlo con calma y con datos.

Por qué la vitamina D importa más después de los 65

La vitamina D ayuda al cuerpo a absorber el calcio del intestino. Sin suficiente vitamina D, por mucho calcio que tomes, los huesos no lo aprovechan bien y se vuelven más frágiles. Esto explica su papel central en la prevención de la osteoporosis y de las fracturas, sobre todo de cadera, que tanto condicionan la autonomía en la tercera edad.

Pero hay más. La vitamina D también participa en la función de los músculos. Niveles bajos se han asociado con debilidad muscular y peor equilibrio, dos factores que aumentan el riesgo de caídas. Además, el receptor de la vitamina D está presente en muchísimas células del organismo, incluidas las del sistema inmunitario, lo que ha despertado un enorme interés científico sobre sus efectos más allá del hueso.

Por qué los mayores tienen más riesgo de déficit

El déficit de vitamina D es muy común en España, a pesar de nuestro sol. Parece una paradoja, pero tiene explicación. Con la edad, la piel pierde capacidad para sintetizar vitamina D a partir de la luz solar: una persona de 70 años produce bastante menos que una de 20 ante la misma exposición. A esto se suman otros factores frecuentes después de la jubilación: pasar más tiempo en casa, salir en las horas de menos sol, usar protección solar (necesaria para prevenir el cáncer de piel) y la presencia de enfermedades renales o digestivas que dificultan su aprovechamiento.

El resultado es que muchas personas mayores conviven con niveles bajos sin saberlo, porque el déficit no suele dar síntomas claros. A veces aparece cansancio, dolores musculares difusos o debilidad, pero son señales inespecíficas que se confunden con “cosas de la edad”.

Cómo saber si tienes buenos niveles

La única forma fiable de conocer tu estado es una analítica de sangre que mida la 25-hidroxivitamina D, que es la forma en la que se almacena. La mayoría de sociedades científicas consideran adecuado un valor por encima de 30 ng/ml (75 nmol/l) y hablan de déficit por debajo de 20 ng/ml, aunque los puntos de corte pueden variar según el laboratorio.

No hace falta que te obsesiones ni que pidas la prueba por tu cuenta sin más. Lo razonable es comentarlo con tu médico de cabecera, sobre todo si has tenido fracturas, caídas, osteoporosis diagnosticada o tomas ciertos medicamentos. Será quien decida si conviene medirla y con qué frecuencia.

El sol: tu primera fuente, con cabeza

La exposición solar moderada sigue siendo la vía natural más importante para producir vitamina D. Como orientación general, exponer cara, brazos y manos durante unos 15 a 20 minutos varios días a la semana, fuera de las horas centrales del verano, suele ser suficiente para muchas personas. En invierno, en buena parte de España la radiación es demasiado débil para sintetizarla, así que conviene apoyarse en la alimentación y, si procede, en los suplementos.

Eso sí, sentido común: nunca se trata de quemarse ni de tomar el sol en las horas de máxima intensidad sin protección. Una cosa es un paseo tranquilo a media mañana y otra muy distinta exponerse de forma prolongada. Aprovecha tus salidas al aire libre, que además te aportan otros beneficios. Si quieres ideas, te puede interesar nuestra guía sobre cómo elegir gafas de sol con la protección UV adecuada para cuidar también tu vista mientras disfrutas del exterior.

Alimentos ricos en vitamina D

Pocos alimentos contienen vitamina D de forma natural, pero conviene conocerlos para darles prioridad:

  • Pescados azules: salmón, sardinas, caballa, atún y arenques son las mejores fuentes. Dos o tres raciones por semana ayudan mucho.
  • Yema de huevo: aporta una cantidad modesta pero útil dentro de una dieta variada.
  • Hígado y aceite de hígado de bacalao: muy concentrados, aunque conviene moderarlos.
  • Lácteos y bebidas vegetales enriquecidas: muchas leches, yogures y bebidas de soja o avena se enriquecen con vitamina D; revisa la etiqueta.
  • Setas expuestas a luz ultravioleta: algunas variedades aportan vitamina D2.

La alimentación rara vez basta por sí sola para corregir un déficit importante, pero es una base imprescindible. Cuidar la dieta general también te ayuda a mantener masa muscular y hueso fuertes. En este sentido, te recomendamos leer nuestro artículo sobre cómo lograr el equilibrio alimenticio después de los 60.

Suplementos: cuándo y cómo, siempre con tu médico

Cuando la analítica muestra déficit, o cuando hay un riesgo alto (por ejemplo, osteoporosis o escasa exposición al sol), el médico puede recomendar un suplemento de vitamina D. Las dosis habituales de mantenimiento en personas mayores se sitúan con frecuencia en torno a 800-1000 unidades internacionales al día, aunque en casos de déficit se emplean pautas más altas durante un tiempo y luego se ajusta. La vitamina D3 (colecalciferol) es la forma más utilizada.

Un punto importante: más no es mejor. Tomar dosis muy elevadas por cuenta propia durante mucho tiempo puede ser perjudicial, porque la vitamina D se acumula y un exceso provoca demasiado calcio en sangre, con riesgo para los riñones. Por eso la suplementación debe estar siempre pautada y revisada por un profesional, que ajustará la dosis a tu caso concreto. La vitamina D suele combinarse con un buen aporte de calcio y, sobre todo, con ejercicio, que es lo que de verdad estimula el hueso a mantenerse fuerte. Si te preocupa la salud ósea, merece la pena que revises también nuestra guía sobre prevención y tratamiento de la osteoporosis en mayores de 60.

Preguntas frecuentes

¿Puedo fabricar suficiente vitamina D solo con el sol en invierno?

En gran parte de España, durante los meses de invierno la radiación ultravioleta es demasiado débil para que la piel produzca vitamina D, especialmente en personas mayores. En esa época conviene apoyarse en la alimentación y, si tu médico lo indica, en suplementos. En primavera y verano, paseos cortos a media mañana ayudan a recuperar niveles.

¿Qué síntomas da la falta de vitamina D?

Muchas veces no da síntomas claros, por eso pasa desapercibida. Cuando aparecen, suelen ser cansancio, debilidad muscular, dolores difusos en huesos o músculos y mayor tendencia a las caídas. Son señales inespecíficas, así que la única forma de confirmarlo es con una analítica de sangre.

¿Es seguro tomar vitamina D por mi cuenta?

Las dosis bajas de mantenimiento suelen ser seguras, pero lo prudente es no automedicarse de forma prolongada. Un exceso continuado puede acumularse y subir demasiado el calcio en sangre, con riesgo para los riñones. Lo ideal es que tu médico valore si la necesitas, en qué dosis y durante cuánto tiempo.

¿La vitamina D previene las caídas y las fracturas?

Mantener buenos niveles, junto con calcio suficiente y ejercicio, contribuye a unos huesos y músculos más fuertes, lo que se asocia con menor riesgo de fracturas. La evidencia sobre la prevención de caídas con suplementos es más matizada, por lo que se recomienda combinarla siempre con actividad física y ejercicios de equilibrio.

¿Cada cuánto debería medirme la vitamina D?

No existe una norma única para todo el mundo. En personas sanas no suele ser necesario medirla de forma rutinaria. Si tienes osteoporosis, has sufrido fracturas o tomas suplementos, tu médico decidirá la frecuencia adecuada, que a menudo es una o dos veces al año mientras se ajusta el tratamiento.

En resumen

La vitamina D es una aliada discreta pero fundamental a partir de los 65: sostiene tus huesos, tus músculos y tu sistema inmunitario. Con paseos al sol bien medidos, una dieta rica en pescado azul y alimentos enriquecidos, y la supervisión de tu médico para decidir si necesitas un suplemento, tienes casi todo el camino hecho. Recuerda que el verdadero secreto está en combinar vitamina D, calcio y movimiento. Si quieres seguir cuidándote, echa un vistazo a nuestros artículos sobre osteoporosis y alimentación equilibrada después de los 60, y comparte esta guía con quien creas que le puede venir bien.

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