Diverticulosis y diverticulitis en mayores de 60: síntomas, dieta y cómo prevenirla
Si has pasado de los 60, hay muchas probabilidades de que tengas divertículos en el colon aunque nunca te hayas enterado. Es una de las afecciones digestivas más frecuentes con la edad y, en la inmensa mayoría de los casos, completamente silenciosa. El problema aparece cuando uno de esos pequeños sacos se inflama. En esta guía te explicamos, sin alarmismos y con base científica, qué son la diverticulosis y la diverticulitis, cómo distinguir un brote leve de uno grave y, sobre todo, qué puedes hacer cada día para mantener tu intestino tranquilo.
Qué son los divertículos y por qué aparecen con la edad
Los divertículos son pequeñas bolsas que se forman en la pared del intestino grueso, sobre todo en el colon sigmoide (el tramo final, en el lado izquierdo del abdomen). Tener divertículos sin síntomas se llama diverticulosis; cuando uno se inflama o se infecta, hablamos de diverticulitis.
La prevalencia crece de forma muy marcada con la edad: se estima que afecta a alrededor del 30% de las personas mayores de 60 años y a más del 60% de los mayores de 80, según datos recogidos por sociedades de gastroenterología. Durante décadas se atribuyó a una dieta pobre en fibra que aumenta la presión dentro del colon y, aunque esa sigue siendo la hipótesis más aceptada, hoy se sabe que también influyen la genética, el microbioma intestinal y cambios en la pared del colon propios del envejecimiento.
Diverticulosis: la mayoría no da síntomas
Conviene insistir en este punto porque tranquiliza: la mayor parte de las personas con divertículos no tendrá nunca ningún problema. Muchos se descubren por casualidad en una colonoscopia de cribado o en un TAC realizado por otro motivo. Algunas personas refieren molestias inespecíficas como hinchazón, gases o cambios en el ritmo intestinal, pero no siempre se puede atribuir directamente a los divertículos.
El dato importante es este: solo una minoría de quienes tienen diverticulosis desarrollará una diverticulitis a lo largo de su vida. Las estimaciones actuales hablan de un riesgo en torno al 4-5%, bastante menor de lo que se creía hace años. Tener divertículos no es una sentencia.
Diverticulitis: cómo reconocer un brote
La diverticulitis aparece cuando un divertículo se inflama. El síntoma más característico es un dolor abdominal en la parte baja izquierda que, a diferencia de un cólico pasajero, es persistente y va a más. Suele acompañarse de:
- Fiebre o febrícula y sensación de malestar general.
- Cambios en el tránsito: estreñimiento o, a veces, diarrea.
- Náuseas y pérdida de apetito.
- Dolor que empeora al moverse o al presionar la zona.
Hay señales de alarma que obligan a acudir a urgencias sin esperar: dolor intenso que no cede, fiebre alta con escalofríos, vientre muy duro y distendido, vómitos que impiden retener líquidos o sangrado abundante por el recto. Pueden indicar complicaciones como un absceso o una perforación que requieren atención inmediata.
Qué comer: el papel de la fibra (y un mito que conviene enterrar)
La alimentación es tu mejor herramienta de prevención, pero con un matiz importante según el momento.
Cuando estás bien (prevención): una dieta rica en fibra ayuda a que las heces sean más voluminosas y blandas, lo que reduce la presión dentro del colon. Las guías recomiendan unos 25-30 gramos de fibra al día, repartidos entre verduras, frutas, legumbres y cereales integrales. Si ahora comes poca fibra, auméntala de forma gradual durante varias semanas y bebe más agua para evitar gases e hinchazón.
El mito de los frutos secos y las semillas: durante años se aconsejó a las personas con divertículos evitar frutos secos, palomitas y semillas (de fresa, tomate, kiwi…) por miedo a que se “incrustaran” en los sacos. Un amplio estudio prospectivo publicado en JAMA en 2008, que siguió a miles de hombres durante 18 años, no encontró ninguna relación entre el consumo de estos alimentos y un mayor riesgo de diverticulitis; de hecho, algunos se asociaban a menos riesgo. Hoy, salvo indicación médica personalizada, no hay que prohibirlos.
Durante un brote agudo: aquí cambia todo. El médico suele recomendar reposo digestivo con dieta líquida o baja en fibra durante unos días, para luego reintroducir alimentos poco a poco según mejora la inflamación. Una alimentación equilibrada el resto del tiempo también ayuda; puedes inspirarte en nuestra guía de alimentación antiinflamatoria para mayores de 60.
Estilo de vida: lo que sí está en tu mano
Más allá de la dieta, varios factores modificables se han asociado con menor riesgo de diverticulitis en estudios observacionales de calidad:
- Actividad física regular. El ejercicio, sobre todo el de cierta intensidad como caminar a buen paso, se relaciona con menos brotes.
- Mantener un peso saludable. La obesidad, especialmente la grasa abdominal, aumenta el riesgo.
- No fumar. El tabaco se ha vinculado con complicaciones más graves.
- Prudencia con ciertos analgésicos. El uso frecuente de antiinflamatorios no esteroideos (ibuprofeno, naproxeno) se ha asociado a más riesgo de complicaciones; consulta con tu médico antes de tomarlos de forma habitual.
- Cuidar el tránsito intestinal. Evitar el estreñimiento crónico reduce la presión sobre el colon. Si es tu caso, te será útil nuestra guía sobre el estreñimiento en mayores de 60.
Tratamiento y cuándo se opera
El abordaje depende de la gravedad. Una diverticulitis leve y sin complicaciones puede tratarse de forma ambulatoria con reposo digestivo y seguimiento; cada vez hay más evidencia de que no todos los casos leves necesitan antibióticos, una decisión que corresponde al médico tras valorar cada situación. Los casos moderados o graves pueden requerir ingreso, antibióticos intravenosos y, si hay un absceso, drenaje.
La cirugía se reserva para complicaciones (perforación, peritonitis, obstrucción, fístulas) o para personas con brotes repetidos que afectan mucho a su calidad de vida. Hoy es mucho menos frecuente de lo que se pensaba: la decisión se individualiza y ya no se opera “por norma” tras un segundo episodio. Tras superar un brote, suele recomendarse una colonoscopia pasadas unas semanas para descartar otras causas, especialmente si es el primer episodio.
No te autodiagnostiques: otras causas de dolor abdominal
El dolor en la parte baja del abdomen puede deberse a muchas cosas además de una diverticulitis, y por eso es tan importante no quedarse en casa pensando “será de los divertículos”. El síndrome del intestino irritable, una infección urinaria, problemas ginecológicos, un cólico o incluso una apendicitis pueden dar molestias en zonas parecidas. Algunas, como la apendicitis, son urgencias que no admiten demora.
La regla práctica es sencilla: un dolor leve y pasajero que cede en unas horas suele poder esperar a la consulta de tu médico de cabecera; un dolor que crece, se mantiene varias horas y se acompaña de fiebre, vómitos o malestar general merece valoración el mismo día. Llevar un pequeño registro de cuándo aparece el dolor, qué lo empeora o lo alivia y cómo van tus deposiciones ayudará mucho al médico a orientar el diagnóstico. La autoexploración tiene un límite, y confirmar la causa con una prueba (una analítica, una ecografía o un TAC según el caso) es lo que permite tratar correctamente.
Preguntas frecuentes
¿Tener divertículos significa que acabaré con diverticulitis?
No. La mayoría de las personas con diverticulosis no desarrolla nunca una diverticulitis; el riesgo a lo largo de la vida ronda el 4-5%.
¿Puedo comer frutos secos, palomitas y tomate con pepitas?
Sí, salvo que tu médico te indique lo contrario. La creencia de que provocan diverticulitis fue desmentida por estudios de gran tamaño.
¿Qué como durante un brote?
Lo que indique tu médico: habitualmente dieta líquida o baja en fibra unos días, reintroduciendo alimentos de forma gradual. La dieta alta en fibra es para la prevención, no para la fase aguda.
¿La diverticulitis es contagiosa o cancerosa?
No es contagiosa ni es un cáncer. Aun así, comparte algunos síntomas con otras enfermedades del colon, por lo que conviene confirmar el diagnóstico y, tras un primer brote, valorar una colonoscopia.
¿Cuándo debo ir a urgencias?
Ante dolor abdominal intenso que no cede, fiebre alta con escalofríos, vómitos persistentes, vientre muy duro o sangrado importante por el recto.
En resumen
Los divertículos son casi una parte normal del envejecimiento del colon y, en la mayoría de los casos, no dan ningún problema. Tu margen de actuación es amplio: comer suficiente fibra cuando estás bien, mantenerte activo, cuidar el peso, no fumar y vigilar el estreñimiento reducen el riesgo de que un divertículo se inflame. Y si aparece un brote, reconocer los síntomas a tiempo marca la diferencia. Cuidar el aparato digestivo es cuidar tu energía y tu bienestar diario; te animamos a seguir explorando nuestros contenidos de salud digestiva, como la guía sobre el reflujo y el ardor de estómago en mayores, para vivir esta etapa con la mejor versión de tu salud.
Este artículo tiene carácter informativo y no sustituye el consejo de tu médico. Ante cualquier síntoma, consulta con un profesional sanitario.
