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Cómo dormir mejor después de los 65: consejos con base científica

Cómo dormir mejor después de los 65: consejos con base científica

El sueño es uno de los pilares fundamentales de la salud, y sin embargo es uno de los primeros en resentirse con la edad. Si llevas tiempo dando vueltas en la cama, despertándote a las 4 de la mañana sin poder volver a dormirte o sintiéndote cansado aunque hayas dormido ocho horas, no estás solo. Los problemas de sueño afectan a entre el 40% y el 70% de las personas mayores de 65 años en España. La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, tienen solución sin necesidad de recurrir a pastillas para dormir.

Por qué cambia el sueño al envejecer

Antes de hablar de soluciones, conviene entender qué ocurre en nuestro cuerpo. Con la edad, el sueño experimenta cambios fisiológicos normales que no son enfermedades sino adaptaciones:

Cambios en el ritmo circadiano: El reloj biológico interno se adelanta con la edad (lo que se llama “síndrome de avance de fase de sueño”). Esto explica por qué muchas personas mayores sienten sueño antes por la noche y se despiertan muy temprano por la mañana, incluso aunque se hayan acostado a medianoche.

Menos sueño profundo: La proporción de sueño de ondas lentas (el más reparador) disminuye con la edad. Esto hace que el sueño sea más fragmentado y menos restaurador, aunque su duración sea similar a la de antes.

Mayor sensibilidad a los disruptores del sueño: Con los años somos más vulnerables a las interrupciones del sueño por ruido, temperatura, dolor o necesidad de ir al baño.

Cambios hormonales: La producción de melatonina (la hormona del sueño) disminuye con la edad, lo que puede dificultar el inicio del sueño. La reducción de estrógenos en las mujeres también se asocia a problemas de sueño durante y después de la menopausia.

Un estudio publicado en la revista Sleep Medicine Reviews (2017) señala que aunque la cantidad de sueño total cambia poco, la calidad sí se ve significativamente afectada, y que estos cambios son prevenibles y tratables en la mayoría de los casos.

Cuántas horas de sueño necesitan los mayores de 65

Una de las creencias más extendidas es que los mayores necesitan dormir menos. Esto no es del todo cierto. La National Sleep Foundation (EE.UU.) y la Sociedad Española de Sueño recomiendan entre 7 y 8 horas de sueño para adultos mayores de 65 años, igual que para los adultos más jóvenes.

Lo que sí cambia es que el sueño puede redistribuirse: algunas personas mayores duermen 6 horas por la noche y complementan con una siesta de 30-45 minutos. Esta distribución es perfectamente normal y saludable siempre que la siesta no sea demasiado larga (más de 45 minutos) ni demasiado tarde (después de las 3 de la tarde), ya que podría interferir con el sueño nocturno.

Los enemigos del sueño que quizá no reconoces

Antes de cambiar hábitos, conviene identificar qué puede estar robándote el descanso:

Medicamentos: Muchos fármacos comunes en personas mayores afectan al sueño. Los diuréticos tomados por la tarde provocan levantarse al baño por la noche. Los betabloqueantes pueden causar insomnio o pesadillas. Los corticoides son estimulantes. Habla con tu médico si sospechas que algún medicamento te quita el sueño.

Apnea del sueño: Afecta a más del 30% de las personas mayores de 65 años y es frecuentemente no diagnosticada. Los síntomas son ronquidos fuertes, pausas en la respiración durante el sueño (que suele observar la pareja) y somnolencia diurna excesiva. Si te reconoces en esto, pide una derivación a una unidad del sueño.

Síndrome de piernas inquietas: Sensación de malestar en las piernas que obliga a moverlas, especialmente por la noche. Tiene tratamiento eficaz, así que no lo des por normal si lo sufres.

Dolor crónico: La artritis, la artrosis, el dolor de espalda y otras condiciones dolorosas son causa frecuente de sueño interrumpido. El manejo del dolor es clave para mejorar el descanso.

Ansiedad y preocupaciones: La mente activa es uno de los grandes ladrones de sueño. Las técnicas de relajación y la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I) han demostrado ser más eficaces a largo plazo que los somníferos.

La higiene del sueño: los hábitos que sí funcionan

La ciencia del sueño tiene claro cuáles son las estrategias más efectivas para mejorar el descanso. Un metaanálisis publicado en JAMA Internal Medicine (2015) demostró que la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I) es significativamente más efectiva que los somníferos, con efectos que se mantienen a largo plazo.

Estos son los hábitos con mayor evidencia científica:

Hora fija para levantarse: Levantarte siempre a la misma hora, incluso los fines de semana, es la recomendación con mayor impacto. Esto ancla el ritmo circadiano y consolida el sueño nocturno.

Reserva la cama solo para dormir: No leer, ver televisión ni usar el móvil en la cama. El cerebro debe aprender que la cama = sueño. Esto puede tardar unas semanas en funcionar, pero es muy efectivo.

Limitar la siesta: Si duermes siesta, que sea antes de las 3 de la tarde y no más de 30-45 minutos. Una alarma puede ayudarte a no pasarte.

Exposición a la luz natural por la mañana: Salir a caminar o simplemente sentarse junto a una ventana luminosa por la mañana temprano ayuda a regular el ritmo circadiano. El ejercicio matutino también contribuye a mejorar el sueño nocturno, y para mantenerte activo te recomendamos consultar nuestra guía sobre ejercicios de equilibrio para mayores.

Temperatura fresca en el dormitorio: El cuerpo necesita bajar su temperatura para iniciar el sueño. Una habitación entre 17°C y 19°C es ideal.

Evitar la cafeína a partir del mediodía: La vida media de la cafeína es de 5-7 horas, lo que significa que el café de las 4 de la tarde todavía está activo cuando te acuestas a las 11 de la noche.

Reducir el alcohol: Aunque el alcohol puede provocar somnolencia inicial, fragmenta el sueño en la segunda mitad de la noche y reduce el sueño REM, que es esencial para la memoria y la recuperación.

Cuándo hablar con el médico y qué tratamientos existen

Si has probado los cambios de hábito durante 4-6 semanas sin mejoría, es el momento de consultar con tu médico. Los problemas de sueño no deben normalizarse como “cosa de la edad”.

Los tratamientos disponibles incluyen la ya mencionada TCC-I (que puede hacerse con psicólogo o incluso con aplicaciones digitales validadas), el tratamiento de las causas subyacentes (dolor, apnea, medicamentos), y en casos específicos, la suplementación con melatonina de liberación prolongada, que está especialmente indicada para personas mayores de 55 años y tiene muy pocos efectos secundarios.

Los somníferos (benzodiazepinas y sus derivados) deben evitarse en lo posible en personas mayores, ya que aumentan el riesgo de caídas, deterioro cognitivo y dependencia. Si los estás tomando, no los dejes bruscamente sin supervisión médica, pero sí habla con tu médico sobre un plan para reducirlos gradualmente.

Preguntas frecuentes sobre el sueño después de los 65

¿Es normal despertarse varias veces por la noche?

Despertarse 1-2 veces brevemente es normal con la edad. El problema es cuando no puedes volver a dormirte o cuando las interrupciones son frecuentes y te dejan agotado al día siguiente. En ese caso, vale la pena investigar la causa.

¿La melatonina es segura para los mayores?

La melatonina de liberación prolongada (Circadin) está aprobada en España específicamente para mayores de 55 años con insomnio primario. Es segura para uso a corto y medio plazo. Sin embargo, la dosis y la hora de toma son importantes para que funcione. Consulta con tu médico antes de empezar.

¿Las infusiones de tila o valeriana realmente ayudan?

Tienen un efecto modesto pero real. La valeriana y la pasiflora tienen cierta evidencia científica de eficacia en el insomnio leve. Son seguras para la mayoría de personas, aunque pueden interactuar con algunos medicamentos. La tila tiene un efecto ansiolítico suave. No son soluciones para el insomnio crónico, pero pueden ayudar en momentos puntuales de dificultad para conciliar el sueño.

¿La actividad física mejora el sueño?

Sí, de forma significativa. Un metaanálisis de 2017 concluyó que el ejercicio regular mejora la calidad del sueño, reduce la latencia (tiempo para dormirse) y disminuye la somnolencia diurna. Lo ideal es hacer ejercicio por la mañana o a primera hora de la tarde, evitando la actividad intensa en las 3 horas previas a acostarse.

¿Qué relación hay entre el mal sueño y el deterioro cognitivo?

Es una de las relaciones más estudiadas en neurociencia del envejecimiento. El sueño insuficiente o de mala calidad se asocia con mayor riesgo de deterioro cognitivo y enfermedad de Alzheimer a largo plazo. Durante el sueño profundo, el cerebro se “limpia” de proteínas tóxicas como la beta-amiloide a través del sistema glinfático. Cuidar el sueño es, literalmente, cuidar el cerebro.

Conclusión: invertir en el sueño es invertir en salud

Dormir bien no es un lujo ni un signo de vagancia: es una necesidad biológica fundamental para la salud física y mental. Los problemas de sueño en la jubilación son frecuentes, pero en la mayoría de los casos son tratables sin recurrir a pastillas.

Empieza por los cambios de hábito: horario fijo para levantarte, oscuridad y temperatura adecuada en el dormitorio, menos cafeína y alcohol, más luz natural y ejercicio. Si en 4-6 semanas no mejoras, habla con tu médico. Tu descanso se lo merece.

Y recuerda que el sueño es solo uno de los pilares del bienestar en la jubilación. Para completar tu rutina de salud, te invitamos a descubrir más contenidos sobre ejercicio, alimentación y bienestar en plansilver.com, tu blog de referencia para vivir mejor la etapa de la jubilación.

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