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Andropausia: qué ocurre con las hormonas de los hombres después de los 60 y cómo gestionarlo

Andropausia: qué ocurre con las hormonas de los hombres después de los 60 y cómo gestionarlo

Si en los últimos años has notado que tienes menos energía de la habitual, que tu libido ha disminuido, que duermes peor o que tu estado de ánimo fluctúa sin razón aparente, no estás solo. Muchos hombres a partir de los 55-60 años experimentan estos cambios sin saber exactamente qué está ocurriendo. La respuesta puede estar en la andropausia, un proceso fisiológico real que, a diferencia de la menopausia femenina, raramente se habla en consulta ni entre amigos.

¿Qué es exactamente la andropausia?

La andropausia, también conocida como hipogonadismo tardío o deficiencia androgénica del envejecimiento masculino (DAEM), es el descenso gradual de los niveles de testosterona que experimenta el hombre a partir de los 40 años aproximadamente. A diferencia de la menopausia femenina, este proceso es mucho más lento y progresivo: no hay un cese brusco de la función hormonal, sino una reducción de entre el 1% y el 2% anual de testosterona total.

Según datos de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), se estima que entre el 20% y el 30% de los hombres mayores de 70 años presentan niveles de testosterona por debajo de lo considerado normal. Sin embargo, muchos casos no se diagnostican porque los síntomas son inespecíficos y fácilmente atribuibles simplemente al “envejecimiento normal”.

Es importante distinguir entre el envejecimiento natural y una deficiencia hormonal clínicamente significativa. No todo hombre mayor experimenta andropausia de forma problemática, pero cuando los síntomas afectan a la calidad de vida, merece atención médica.

Síntomas más comunes: cómo reconocerla

Los síntomas de la andropausia pueden agruparse en varias categorías. Los más frecuentes son:

Síntomas físicos: Disminución de la masa muscular y aumento de la grasa corporal (especialmente abdominal), reducción del vello corporal y facial, osteoporosis o pérdida de densidad ósea, sensación de cansancio crónico sin causa aparente, sofocos y sudoraciones nocturnas en algunos casos, y una mayor tendencia a la anemia leve.

Síntomas sexuales: Reducción del deseo sexual (libido), dificultades en la función eréctil, disminución del volumen del eyaculado y menor frecuencia de erecciones espontáneas. Estos son a menudo los síntomas que más preocupan a los hombres, aunque paradójicamente son los que más cuestan admitir.

Síntomas psicológicos y cognitivos: Irritabilidad, cambios de humor, sensación de tristeza o pérdida de motivación, dificultad para concentrarse, peor memoria a corto plazo y una disminución general del bienestar subjetivo.

El cuestionario ADAM (Androgen Deficiency in Aging Males), validado científicamente, es una herramienta útil para una primera autoevaluación: si respondas afirmativamente a la pregunta sobre reducción del deseo sexual o a tres de las otras preguntas del cuestionario, hay razones para consultar al médico.

Diagnóstico: cuándo y cómo consultarlo con tu médico

Si reconoces varios de estos síntomas y llevan más de tres meses presentes, lo recomendable es acudir al médico de cabecera. El diagnóstico se basa en dos pilares: la clínica (los síntomas que describes) y la analítica.

El análisis de sangre debe incluir la medición de testosterona total en ayunas y a primera hora de la mañana (cuando los niveles son más altos). En casos dudosos, se mide también la testosterona libre y la SHBG (proteína transportadora de hormonas sexuales). La hormona luteinizante (LH) y la FSH ayudan a distinguir si el problema es de origen testicular o hipofisario.

Se considera déficit de testosterona cuando los niveles están por debajo de 300 ng/dL (10,4 nmol/L), aunque este umbral puede variar según el laboratorio y las guías clínicas utilizadas. Lo importante es la correlación entre los valores y los síntomas: un número no debe interpretarse nunca de forma aislada.

El médico puede derivarte a un endocrinólogo o urólogo si lo considera necesario. No dudes en pedir esta derivación si sientes que tus síntomas no están siendo tomados en serio: la deficiencia androgénica es una condición médica reconocida, no una consecuencia inevitable de hacerse mayor.

Opciones de tratamiento: lo que dice la evidencia científica

El tratamiento de la andropausia cuando existe un diagnóstico confirmado es la terapia de reemplazo de testosterona (TRT). Se administra en distintas formas: gel transdérmico (el más utilizado en España), inyecciones intramusculares o parches cutáneos. La elección depende de las preferencias del paciente y de criterios clínicos.

Los beneficios documentados de la TRT en hombres con hipogonadismo confirmado incluyen mejora de la libido y la función sexual, aumento de la masa muscular, reducción de la grasa visceral, mejoría del estado de ánimo y la vitalidad, y mantenimiento de la densidad ósea. Un metaanálisis publicado en el Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism (2018) confirmó beneficios significativos en calidad de vida cuando el tratamiento está bien indicado.

No obstante, la TRT tiene contraindicaciones importantes: no debe prescribirse a hombres con cáncer de próstata activo o sospechado, hematocrito elevado o apnea del sueño severa no tratada. El seguimiento regular con analíticas y control de próstata es imprescindible.

Para quienes no son candidatos a la TRT o prefieren un enfoque más conservador, existen medidas de estilo de vida con evidencia científica sólida que elevan los niveles de testosterona de forma natural.

Qué puedes hacer tú: cambios de estilo de vida con respaldo científico

La buena noticia es que determinados hábitos de vida tienen un impacto real y medible sobre los niveles de testosterona y el bienestar hormonal general:

Ejercicio de fuerza: Es la intervención de estilo de vida más eficaz. El entrenamiento con resistencia (pesas, gomas, ejercicios con el peso corporal) estimula la producción de testosterona. Basta con dos o tres sesiones semanales de 30-45 minutos para obtener beneficios. Puedes encontrar rutinas adaptadas en nuestro artículo sobre ejercicios de fuerza para mayores de 65.

Control del peso: El tejido adiposo, especialmente el abdominal, convierte la testosterona en estrógenos mediante un proceso llamado aromatización. Reducir el exceso de grasa corporal ayuda directamente a mejorar el perfil hormonal.

Sueño de calidad: El 70% de la testosterona se produce durante el sueño profundo. Dormir menos de 6 horas reduce los niveles hormonales de forma significativa, según un estudio de la Universidad de Chicago. Si tienes problemas de sueño, lee nuestra guía sobre cómo mejorar el sueño después de los 65.

Reducción del estrés crónico: El cortisol (hormona del estrés) y la testosterona mantienen una relación inversa. Las técnicas de relajación, el yoga y las actividades placenteras ayudan a reducir el cortisol y, con ello, a proteger los niveles de testosterona.

Alimentación equilibrada: Una dieta rica en zinc (carnes magras, mariscos, legumbres), vitamina D (pescados grasos, exposición solar moderada) y grasas saludables (aceite de oliva, frutos secos, aguacate) proporciona los sustratos necesarios para la síntesis hormonal. El alcohol en exceso y los ultraprocesados tienen el efecto contrario.

El lado emocional: hablar de ello también importa

Uno de los mayores obstáculos en el manejo de la andropausia es el silencio que la rodea. Muchos hombres sienten vergüenza o incomodidad al hablar de estos síntomas, incluso con su médico. Sin embargo, ignorarlos no solo prolonga el malestar, sino que puede llevar a consecuencias más serias como la depresión, el deterioro de la relación de pareja o la reducción progresiva de la autonomía.

Las parejas también se ven afectadas y, en muchos casos, sufren en silencio sin entender qué está pasando. Hablar abiertamente, ya sea en pareja o con un profesional de la psicología, puede marcar una diferencia enorme. No es debilidad reconocer que algo ha cambiado: es inteligencia emocional.

Los grupos de apoyo para hombres mayores, aunque menos habituales que los femeninos, existen y crecen. La consulta con un endocrinólogo o un andrólogo no es un signo de rendición, sino de cuidado activo de uno mismo.

Preguntas frecuentes sobre la andropausia

Conclusión: envejecer bien también es cosa de hombres

La andropausia no es inevitable en su peor versión, ni debe aceptarse como un simple tributo a los años. Con información, un médico que te escuche y algunos cambios de hábitos, es posible mantener la vitalidad, el humor y el bienestar físico mucho más allá de los 60. El primer paso es siempre el más importante: reconocer los síntomas y buscar ayuda sin esperar a que el malestar se cronifique.

Si este artículo te ha resultado útil, también puedes leer sobre cómo controlar el colesterol después de los 65 o explorar nuestras recomendaciones de ejercicios de equilibrio para mantenerte activo y seguro. En plansilver.com encontrarás todo lo que necesitas para vivir esta etapa con plenitud.

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